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12febrero

Por Ángel Luis Sucasas (Madrid). 

Pagar sin billetes ni monedas. Ni siquiera con tarjeta de crédito. Tan solo la detección de cada cliente por su patrón de retina, huella dactilar, rostro o ritmo cardíaco y la conexión de ese parámetro biométrico con su cuenta de banco. Es un futuro a medio plazo. El pasado mes de enero, el Gobierno danés propuso que las tiendas tiren sus cajas registradoras y se pasen exclusivamente al pago electrónico, sea con tarjeta o con móvil —con ya un 40% de penetración entre la ciudadanía danesa a través de la aplicación Danske Bank (DNSKY)’s MobilePay—. Es una medida más en un plan para erradicar por completo el efectivo cara 2030. Noruega es otro de los países que apuesta por este camino. El banco principal de la nación, también el pasado enero, instaba a gobierno y ciudadanos a dejar de usar dinero en metálico; varias entidades financieras noruegas ya no lo ofrecen en sus oficinas.  Y en el conjunto de Europa, según la corrección de los informes del Banco Central Europeo realizada por una analista de Deutsche Bank, Heike Mai, se detecta una subida anual del 7% en pagos que prescinden del efectivo.

Pero cuando el marco pasa de lo regional a lo global, un concepto se impone para el porvenir del cashless: la interoperabilidad, es decir, el estándar universal que se admita, como sucede con las principales tarjetas de crédito, en todo el planeta. Y ahí se encuentra el centro de la batalla que libran las tarjetas de crédito, los grandes gigantes tecnológicos que dominan la bolsa, el emergente ecosistema de startups y los bancos de siempre.

“El camino al cashless no tiene retorno. Es más, la convergencia digital lo está acelerando”, afirma Gilberto Caldart, presidente de Mastercard en Latinoamérica.

“El camino al cashless no tiene retorno. Es más, la convergencia digital lo está acelerando. Pero la clave es la interoperabilidad, porque el dispositivo va a dar igual. La tarjeta es tan aparato como el móvil o el coche conectado. Todos los dispositivos van a tener que estar enlazados a tu cuenta para realizar el pago. Así que tiene que haber un estándar que te permita pagar indistintamente del hardware”, explica Gilberto Caldart (Erechim, Brasil, 1959), presidente de Mastercard Latinoamérica y Caribe. “Creo que los jugadores digitales Apple, Samsung, Google y otros lo han entendido. Por eso se han asociado con nosotros para sus sistemas de pago”.

Pero alcanzar un acuerdo en el futuro cashless no será tan sencillo ni unilateral como en el pasado. “Visa y Mastercard fueron en sus inicios asociaciones de bancos. Estándares acordados entre entidades financieras para permitir que clientes de una pudieran efectuar operaciones en otra. Y los acuerdos fueros más fáciles porque todos hablaban el mismo lenguaje. Pero para el cashless hay que contar con la disrupción tecnológica y sus grandes jugadores, que no hablan el mismo idioma”, argumenta Gorka Briones Araluze (Bilbao, 1977), socio de Monitor Deloitte.

El marco regulatorio que impongan los gobiernos, de amplitud mundial en la ambición de una sociedad sin efectivo, internacional y digital, también jugará un papel fundamental. “El problema es que las entidades que controlan los pagos lo ven como un juego de suma cero. Les cuesta dejar entrar a nuevos actores porque significa compartir la tarta del negocio. Por eso lo que estamos viendo en los últimos años es que, siendo posible tecnológicamente, no se da el paso. Pero la tarta es mucho más grande de lo que creen”, asevera Briones.

Qué tecnología triunfe en el cashless está aún en el aire. En el primer evento RETINA, Tendencias IT 2016, Maite Agujetas, CTO del Grupo Santander, señaló el blockchain como una vía para el futuro. Esta tecnología, que sustenta sistemas como el bitcoin, consiste en una red de nodos que funciona de un modo parejo a un libro de contabilidad. Se registran todos los pagos entre los nodos que forman parte del sistema sin un operador que centralice los privilegios. La clave de esta estructura en cadena radica, evidentemente, en lo seguros que sean sus eslabones digitales. Un informe conjunto de Kaspersky, la empresa antivirus rusa, y la Interpol desveló en abril de 2015 que el blockchain es vulnerable y que es necesario ampliar su análisis de seguridad antes de que se convierta en un estándar masificado. Las previsiones apuntan a cinco millones de usuarios de bitcoin en todo el mundo en 2019.

El caso español, una cuestión cultural

Poner de acuerdo al mundo en un solo medio de pago sin metálico aceptable para todos es también un combate cultural. Por poner un caso, España. “En España hay un comportamiento muy singular respecto a los países nórdicos. En el caso de ING Direct, detectamos que el 59% del gasto de nuestros clientes se hace con tarjeta. Pero claro, hablamos de clientes que tienen una nómina. Si tu metes en el saco toda la población, con sectores como la gente joven que suele pagar casi exclusivamente en efectivo, la cifra baja”, afirma Gonzalo Caselles De Santos (Madrid, 1976), director de medios de pago de ING Direct. Además, está el problema del miedo a gastar de más, como indica Gorka Briones, de Deloitte: “El comprador español teme controlarse menos con la tarjeta de crédito, por eso hay muchas más operaciones a débito”.

No solo hay una percepción peculiar por parte del cliente español respecto al pago electrónico. También del comercio. “Hay una falta de percepción del coste de efectivo. En Deloitte hemos comprobado que el comerciante se gasta mucho más por admitir efectivo. Pero no es consciente de ello porque lo tiene disperso en muchas partidas: seguridad, caja registradora, tener caja fuerte del comercio, el fraude de billetes falsos, el coste del ingreso de la caja… Comparativamente es un coste muy superior al de la tarjeta”, explica Briones. Conclusión: “Si tienes un cliente al que le da miedo usar la tarjeta y un comerciante que lo percibe como un coste, eso explica por qué la penetración, por debajo de 20 euros, es pequeña”.

Sin embargo, el efecto cashless se empieza a notar incluso en los pequeños negocios. Es el caso del Hotel Curious, un modesto hostal en Barcelona de una estrella que apuesta por esta vía. Sus clientes tienen la opción de descargarse una app, Zapper, para realizar el pago usando tecnología QR. Las facturas del hotel incluyen uno de estos códigos y con solo pasar el móvil el cliente ya ha formalizado el pago. La transacción puede realizarse en el propio hotel o desde casa mediante factura digital. “No solo mejoramos la comodidad del cliente, sino que realizamos una ficha digital de los datos sobre cómo es ese cliente para mejorar el servicio y conocer a nuestros usuarios”, explica Laura Fernández García (Barcelona, 1985), responsable de emarketing del hotel.

“Al regulador le conviene tener mayor control sobre la economía sumergida para recaudar más impuestos”, explica Gonzalo Caselles, director de medios de pago de ING Direct.

Aunque gubernamentalmente se han tomado ciertas medidas regulatorias —por ejemplo, el techo de 2.500 euros para el pago en efectivo—, España todavía está muy lejos de impulsar una medida como la del Gobierno danés para que las tiendas puedan negarse a usar dinero en metálico. Sin embargo, es una tendencia que podría cambiar a corto plazo por interés del propio Gobierno. “Al regulador le conviene tener mayor control sobre la economía sumergida para recaudar más impuestos. Además de que permite luchar contra crímenes como el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo. Por esto el cashless es evidentemente una solución que beneficia e interesa al organismo público”, apunta Castelles, experto de ING.

El lastre del 14% en Latinoamérica

No llegan a dos de cada diez personas. La tasa de penetración de pago electrónico en Latinoamérica, si se observa la región en su conjunto y asumiendo que los datos no son muy precisos y que hay enormes desigualdades entre países, se queda en torno a un 15-16%, según datos de Mastercard. “Si la sociedad vira al cashless, en Latinoamérica su implantación será más lenta”, reconoce Gilberto Caldart, presidente de Mastercard en la región.

“Si la sociedad vira al cashless, en Latinoamérica su implantación será más lenta”, asevera Gilberto Caldart.

El desafío es estructural. Desconfianza en el medio por parte de los compradores y vendedores, necesidad de una economía más regulada y dotar de una vía, sea el móvil, una tarjeta o una wearable, que permita hacer la transacción. “Hemos avanzado en el sentido de que los gobiernos ya ven que el uso del efectivo no es positivo. Es malo por los costes que acumula en seguridad, transporte y producción. Es malo por la inseguridad que genera, porque puede ser robado más fácilmente… Queda mucho, pero todo empieza por el desarrollo de un ecosistema de aceptación de medios electrónicos de pago que esté presente en los comercios, donde suceden las transacciones”, opina Caldart.

Un papel clave en esta mejora lo juegan las startups. Caldart califica de “muy importante” su papel para el despegue del pago electrónico en la región, por su mayor capacidad de inventar “nuevos modelos de negocio mediante el uso de tecnología”, allí donde empresas más tradicionales no hacen el esfuerzo. Una de ellas es Nubank, señalada por la CNN como una de las startups latinoamericanas más prometedoras de 2015. Su intención es establecer los cimientos para la futura sociedad cashless, la zona cero desde la que construir. El medio, de momento muy exclusivo, una app que permite simplificar todas las operaciones financieras a los clientes de Mastercard Platinum de Brasil, librándose de burocracia por los canales de siempre.

“Todavía no se ve mucha industria trabajando en el sector financiero con tecnología. Básicamente, si vas a cobrar un interés por un servicio, necesitas contar con el apoyo de un banco, por eso no hay mucha startup fintech en Latinoamérica”, explica David Vélez Osorno (Medellín, 1981), fundador y CEO de Nubank. “Pero es una oportunidad de mercado tremenda, porque en Brasil se paga por transacciones financieras unas de las tarifas más altas del mundo por uno de los peores servicios bancarios”. Nubank de momento ha conseguido un gran apoyo de inversión a su propuesta, superando los 12 millones de euros.

Para Vélez, esto es una primera piedra de cara al medio, largo plazo en el que pudiera soñar ya con el fin del efectivo. “No se ven todavía pasos veloces en la dirección cashless. Hay muy poco progreso en la región. Pero se ve el potencial. Nosotros no vamos a dar aún el paso mientras se desconoce qué tecnología va a ser la triunfadora en el cashless. Pero ya estamos creando una base de clientes que poseen en un 100% smartphones. Si en el futuro no hay tarjeta de crédito física, nos encontraremos en una situación muy buena”. Un futuro que no parece descabellado teniendo en cuenta que Latinoamérica es la región en la que más crece el teléfono inteligente. Ya hay más de 150 millones. Y se esperan casi 250 millones para 2019.

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