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24mayo

Daniel Riobóo (Madrid)

En los albores de la Revolución Industrial al inicio del siglo XIX, los luditas se oponían a la mecanización de la industria y la vida. Luchaban contra el progreso en la ingeniería y la tecnología en defensa de los puestos de trabajo que las máquinas quitarían a los hombre. El movimiento murió rápidamente pero hoy algunos siguen preguntándose lo mismo. ¿Cada vez que un nuevo robot automatiza una tarea nos quita un puesto de trabajo?

La pregunta es pertinente porque la robótica supera cada año el número de unidades vendidas y se calcula que en 2025 los robots harán el 45% de las tareas de fabricación industrial en contraste con el 10% actual con las consiguientes pérdidas de puestos de trabajo. Pero viendo la botella medio llena este hecho puede interpretarse también como creación de riqueza y bienestar al mecanizar tareas fatigosas y crear empleo cualificado para ingenieros de robótica y técnicos de mantenimiento.

La evolución de la disciplina ha ido abandonando la ciencia ficción para dar paso cada vez más a la tecnología. De hecho son muchos los que creen que la inteligencia artificial será la próxima gran revolución tecnológica por encima de la realidad virtual.  Entre ellos está Sundar Pichai, el CEO de Google, que recientemente ha asegurado en la carta anual de la compañía que la inteligencia artificial es la tecnología que más evolucionará en los próximos años y en la que Google está invirtiendo mayores esfuerzos a largo plazo.

La Inteligencia artificial es una disciplina mucho más amplia que la robótica y sus aplicaciones están invadiendo cada vez más nuestra vida diaria. Por solo citar algunos ejemplos es la que nos permite utilizar nuestra voz para buscar información, traducir una página web de un lenguaje a otro o filtrar el spam de la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico.

Pero la inteligencia artificial también ha producido hitos recientes como la victoria de la máquina Alpha, de la empresa de Google Deepmind, en una partida de Go contra el campeón del mundo en la disciplina Lee Sedol. Esta hito no estaba previsto antes de 2025. Según la compañía, el triunfo sirve para probar lo que son capaces de lograr y para seguir enfocando su uso hacia la facilitación de nuestras tareas diarias y para pensar en utilizarla en un futuro no tan lejano para enfrentar grandes desafíos: como el cambio climático o el diagnóstico del cáncer.

 

El antecedente de este nuevo logro se produjo hace cinco años, el día que el superordenador de IBM Watson venció a dos de los mejores concursantes del conocido programa estadounidense Jeopardy. Hasta la derrota de Sedol, era la prueba más espectacular del avance de la inteligencia artificial desde la victoria de otro computador, Deep Blue, contra el ajedrecista ruso Gary Kasparov en 1997.

Detrás de estos hitos históricos está el hecho de que las computadoras están empezando a ser capaces de interactuar de forma natural con los humanos a través de una amplia gama de aplicaciones y procesos así como introduciendo en ellas características de los propios seres humanos, como por ejemplo la intuición. Sus usos prácticos cada vez son más ambiciosos. Actualmente IBM está aplicando estos avances al campo del diagnóstico médico mientras Google lo está haciendo, entre otros, al de la conducción autónoma de coches, cuyos primeros prototipos están ya circulando y se espera que puedan ser comercializados en 2020.

Para convertir en algo habitual a los coches autónomos en nuestras carreteras, a las empresas les queda un duro trabajo por hacer. Desde reproducir la experiencia de conducir en diferentes culturas a disminuir el factor de mayor riesgo, la distracción, un peligro que podría evitarse mediante los asistentes de voz. Fabricantes como Ford trabajan a contrarreloj para resolver las trabas legales que permitan circular a los futuros coches y convencer a las compañías de seguros de que todavía tendrán su sitio.

Pero otros sectores de la automoción también están apostando por la inteligencia artificial. Según un estudio de Accenture, en los próximos cinco años los fabricantes de componentes de automóviles y el sector industrial prevén invertir 220.000 millones de euros en máquinas e inteligencia artificial. Esta inversión se dedicará especialmente a conseguir aumentar la productividad mediante una plantilla conectada.

El estudio señala que los vehículos autónomos y robots móviles que mueven materiales en las instalaciones ya representan la mitad de la inversión de estas compañías en esta área. En el futuro, esta tendencia seguirá en auge, especialmente en robots colaborativos (cobots) así como en dispositivos de realidad aumentada y virtual. Una prueba más de que la inteligencia artificial estará cada vez más presente en nuestras vidas.

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