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27mayo

Parecen lo mismo pero no lo son. La realidad virtual y la aumentada están en el punto de mira como nuevo canal de comunicación con el cliente en cualquier sector industrial. El estudio de mercado de Digi-Capital calcula que en 2020 estos medios audiovisuales lograrán superar los 134.000 millones de euros de facturación. Pero el mismo análisis indica que la realidad aumentada ganará a la virtual por cuatro a uno.

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Katherine Grass (Corvallis, 1973), jefa de innovación y ventures en Amadeus y ponente de RETINA, ve claro por qué una puede ganarle a la otra: “Al sector turismo le interesa más la realidad aumentada que la virtual. Con la realidad virtual tenemos un uso muy interesante antes de que se produzca el viaje, para que el cliente experimente una aproximación al país que quiere visitar y elija. Pero con la aumentada podemos añadir una capa de información mientras se está viajando. Por ejemplo, visualizas con tu smartphone un paisaje y te indica la información sobre él, los restaurantes más cercanos, etcétera”.

La comodidad de una sobre la otra es evidente. Mientras la realidad virtual exige un visor que anula ver el mundo real, la realidad aumentada —mientras experimentos como las gafas Hololens de Google— se beneficia de la cámara del smartphone para añadir capas de información sobre lo visible. Apps como Yelp Monocle ya permiten ver en tiempo real los restaurantes o bares y sus valoraciones con solo apuntar la cámara hacia un barrio.

Grass cree que, aún con toda la ebullición que define a la transformación digital como la cuarta revolución industrial, no veremos en la próxima década un cambio de paradigma tan brutal como el que supuso la aparición de Internet. “Creo que serán muchas revoluciones, pero más pequeñas y graduales. No creo que vivamos algo tan disruptivo en el corto plazo”.  Tampoco cree que haya amenaza de una burbuja similar a la de las puntocom, que se llevó por delante a la economía digital al arrancar el siglo XXI.

“Si en cinco minutos no eres capaz de demostrar que tu producto resuelve un problema, no harás negocio”

Esas pequeñas revoluciones se encuentran para Grass sobre todo en el mundo de las startups. “Es imposible saber de antemano de dónde va a venir la próxima gran innovación. Por eso es tan importante trabajar tan de mano con las startups, porque será en los pequeños equipos donde se produzcan las grandes revoluciones”. La directiva cree que el ecosistema ha vivido una gran transformación en los últimos cinco o seis años en cómo se venden las ideas. “Antes, tenías que comprar una idea con un papel, porque la inversión para arrancar un negocio era mucho más alta. Ahora alguien te puede mostrar un prototipo que ya ha probado a costes bajísimos”. Eso sí, la necesidad de contarlo bien y rápido no ha cambiado. “Si en cinco minutos no eres capaz de demostrar que tu producto resuelve un problema, no harás negocio”.

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